10ª Bienal de Berlín

El plan de Dios

Cuando se debate sobre arte y cultura, a menudo no se tienen en cuenta el capitalismo y el neoliberalismo. Esto a su vez contribuye a crear una jerarquía dentro de la representación pan-africana, escribe para C& Will Furtado.

Si hablamos del arte que aborda la raza y el racismo, en 2018 siguen dominando las narrativas estadounidenses. En Europa, los artistas negros y en general no blancos a menudo son menospreciados en favor de los artistas afroestadounidenses y de sus experiencias. Y también hay ocasiones en las que afroestadounidenses organizan eventos en África con una actitud imperialista y así les prestan poca atención o cuidado a las realidades locales, o en las que un mensaje “lúcido” es usado para proyectos capitalistas.

No hay duda de que Arthur Jafa merecía su muestra individual en Serpentine y JSC. Pero tenemos que preguntarnos por qué los artistas negros de Europa que abordan el tema de la raza no gozan también del mismo apoyo. Históricamente la izquierda alemana apoyó a los intelectuales afroestadounidenses, desde Angela Davis hasta Audre Lorde. Cuando encarcelaron a Davis en octubre de 1970, The New York Times informó que gracias a los movimientos estudiantiles, en Europa y especialmente en Alemania Oriental, surgieron iniciativas espontáneas en apoyo de Davis.

También en Alemania Occidental, diez mil personas incluyendo al ex alcalde de Berlín Heinrich Albertz y al diputado K. H. Walkoff, firmaron un petitorio por la libertad de Davis. Pero aun así callaron sobre los problemas que afectaban a los alemanes negros.

En Londres, si bien el año pasado la exhibición Soul of Nation, en la Tate Modern, fue recibida con grandes elogios y tuvo un alto número de visitantes (especialmente negros), todavía falta una muestra de igual magnitud dedicada a los artistas británicos de color. La representación importa, el apoyo curatorial e institucional no debería ser subestimado cuando se trata de ayudar a los artistas a llevar su arte más lejos o simplemente a sobrevivir para contar sus historias a través del arte.

Pero las cosas nunca tienen un solo aspecto. Con raras excepciones, las instituciones británicas también tienden a enfocarse desproporcionadamente en experiencias del mundo de habla inglesa. Por lo tanto, a veces el Reino Unido puede funcionar como los “Estados Unidos” de Europa, y así los artistas británicos representan de modo desproporcionado la diáspora europea de las personas de color. El pabellón de la diáspora de la 57º Bienal de Venecia, por ejemplo, presentó en su mayoría a artistas radicados en Reino Unido. Esto deja rezagados y les da una excusa para no organizarse a los artistas negros de Europa continental, que por lo general se han desarrollado aisladamente. Pero las cosas están cambiando y ahora hay un nuevo despertar en relación con estos temas. En todo el continente hay iniciativas que están creando redes que vinculadas a los artistas negros y en general no blancos. Una de esas iniciativas es 1.1., fundada en 2015 por los artistas Deborah Joyce Holman y Tuula Rasmussen. “Queremos ampliar una narrativa que circula comúnmente y tiene una representación desproporcionada y una enunciación muy poco diversa”, dice Holman. “Europa es un continente diverso, y esto debería reflejarse tanto en las producciones como dentro de las infraestructuras de las instituciones.” Al hacer del arte una mercancía, el capitalismo contribuyó simultáneamente a democratizarlo, hasta cierto punto. Esta paradoja ha creado nuevos mundos de oportunidades y ahora es tarea de los custodios del arte garantizar que esto llegue a todas las perspectivas africanas.

Will Furtado es editor en jefe adjunto de C&.

Traducción del inglés de Nicolás Gelormini.

Este texto fue publicado originalmente en la edición impresa de C& #9. Puede leer toda la revista aquí.

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