Colecciones de arte cubano contemporáneo

Buenos tiempos, pero hay que ver más allá del “boom”

Varias muestras recientes de arte contemporáneo cubano ponen en evidencia el interés internacional por la producción artística de la isla. Pero también abren algunas preguntas críticas. Damos vistazo a las exposiciones y a los interrogantes abiertos.

Por otra parte, Adiós Utopía – Dreams and Deceptions in Cuban Art since 1950, exposición presentada en el Walker Art Center a inicios de 2018 tras su estancia en el Museum of Fine Arts Houston (MFAH), fue una propuesta concebida por la Fundación Cisneros, o CIFO, Europa y Miami. La muestra, autodescrita como “la más completa y significativa de arte moderno y contemporáneo cubano expuesto en Estados Unidos”, estableció una narrativa sobre cómo las aspiraciones y fracasos utópicos de Cuba han afectado más de cincuenta años de producción artística. Desde esta perspectiva, la muestra dialogó con los eventos claves de la historia del país desde la década del cincuenta hasta hoy.

La coleccionista cubana Ella Fontanals-Cisneros –así como el coleccionista Jorge Pérez– ha desempeñado un rol fundamental en el apoyo al arte latinoamericano (Programa de Becas y Comisiones CIFO) y la activación de la escena cultural de Miami (CIFO, PAMM). Además ha influido en el proceso de revalorización del movimiento de la abstracción cubana y de figuras como Carmen Herrera, Loló Soldevilla y Sandú Darié (Triángulo, 2017-2018).

Un enfoque diferente es ofrecido por Chris von Christierson, empresario sudafricano radicado en Londres, cuya colección de arte cubano se enfoca en las múltiples huellas de África en la cultura cubana.

La exposición Sin máscaras – Arte afrocubano contemporáneo (2017) del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, en La Habana, presentó 150 obras adquiridas por la colección desde su fundación en 2007. Según el curador Orlando Hernández, la colección se construye a partir de la investigación de la obra de artistas menos conocidos localmente pero de elevado prestigio internacional. En general, se trata de la identificación de temáticas que responden más allá de los aceptados vínculos religiosos, a la reflexión sobre los prejuicios, estereotipos y discriminación existentes en la realidad cubana. Sin máscaras posicionó a la Colección von Christierson como la más amplia y diversa representación internacional –e incluso nacional– de arte afrocubano.

Por último, otra de las exposiciones presentada como “muestra más extensa de arte cubano” fue Art x Cuba – Contemporary Perspectives since 1989. Realizada entre agosto de 2017 y febrero de 2018 en el Ludwig Forum for International Art en la ciudad de Aquisgrán (Aachen), Alemania, la exhibición examinó los vínculos entre cultura y política, arte y mercado, globalización y poder mediante obras pertenecientes a una de las primeras colecciones de arte cubano en Europa: la colección de Peter e Irene Ludwig.

Las exhibiciones mencionadas evidencian cómo un grupo de coleccionistas internacionales apuestan consistentemente por la promoción de distintas generaciones de artistas cubanos dentro y fuera de la isla. El apoyo a la producción de exposiciones, libros y proyectos investigativos mediante alianzas con museos, universidades y reconocidos curadores posibilita el estudio de períodos artísticos silenciados y estimula la creación de jóvenes creadores. Y además dinamiza sin duda los procesos del mercado artístico cubano.

El 25 de enero del 2018 el portal Cuban Art News, fundado por los coleccionistas Howard y Patricia Farber con el objetivo de promover el reconocimiento y la comprensión del arte cubano, publicó un reporte sobre la iniciativa de la casa de subastas Phillips: incorporar el arte latinoamericano a las ventas de arte contemporáneo internacional. Los récords en ventas de artistas cubanos como Carmen Herrera superan el millón de dólares, mientras otros como Zilia Sánchez, Mario Carreño, Tomás Sánchez, Roberto Fabelo y Alexander Arrechea alcanzan precios notables.

La activación de diferentes galerías en La Habana, la creación de estudios independientes y la presencia sostenida en las más significativas ferias y bienales de arte internacionales constituyen algunos de los factores que han contribuido a un incremento de la participación del arte cubano en los circuitos de intercambio comercial.

Durante el año 2017, más de veinte exhibiciones posicionaron las prácticas artísticas cubanas en relación con otros contextos. Entre ellas destacaron las retrospectivas itinerantes de Wifredo Lam y Belkis Ayón en el Tate Modern y el Museo del Barrio respectivamente; las tres muestras Cuba Is, HOPE y The Cuban Matrix en el programa de exhibiciones Pacific Standard Time: La/La, así como Cuba – Tatuare la storia, curada por Diego Sileo y Giacomo Zaza en el Padiglione d’Arte Contemporanea (PAC) en Milán, Italia. Por otro lado, en 2017 sobresalió la participación de María Magdalena Campos en la documenta 14 y Carlos Martiel en la Bienal de Venecia, mientras que la artista cubana Tania Bruguera inauguró en febrero de 2018 una exposición personal, Untitled (Havana, 2000), en el MoMA de Nueva York, y en mayo de 2018 inaugura la exposición Hablándole al poder en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo en Ciudad de México.

Sin duda, algo está sucediendo. Algo que muchos resumen con una palabra llamativa: “Boom”. Y sin embargo, hablar –como usualmente ocurre– de la existencia de un “Boom” del arte cubano a partir del interés en la isla que provocó el relajamiento de las políticas diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos (2014), la muerte de Fidel Castro (2016) y la posterior contracción de las relaciones tras las medidas implementadas por Donald Trump (2017), corre el riesgo de simplificar las condicionantes que definen la producción simbólica cubana.

Sería necesario examinar este fenómeno no solo desde las tensiones cubano-estadounidenses, sino en toda su complejidad: en el marco del incremento de la participación de la comunidad latina y chicana en Estados Unidos, la reivindicación de una curaduría de carácter subjetivo-activista, los viajes al exterior con retorno de los artistas cubanos, el interés creciente de prestigiosas galerías por la creación artística en Cuba y, sobre todo, el desarrollo de un coleccionismo enfocado en la institucionalización del arte y su disponibilidad social.

Aldeide Delgado es historiadora y curadora independiente. Ha sido galardonada con la Beca de Investigación y Producción de Texto Crítico 2017 expedida por Teor/ética. Sus intereses incluyen género, identidad racial, fotografía y abstracción en las artes visuales. Ha sido ponente en California Institute of Arts, Centro Cultural Español Miami, Universidad de La Habana, Casa de las Américas, Biblioteca Nacional de Cuba y 12ma Bienal de La Habana. Estudió Historia del Arte en la Universidad de la Habana (2011-2016). Artículos suyos han sido publicados en Art OnCuba, Cuban Art News, Arte Al Límite y Artishock. Es colaboradora de Artishock en Miami.

Explorar