Brasil hoy

El miedo está llegando

La retórica represiva de Jair Bolsonaro tiene efectos incluso allí donde la vida cotidiana todavía parece estar en orden. Un informe de Elisabeth Wellershaus desde el mundo del arte de São Paulo.

Las cosas se pondrán desagradables… para todos

Al día siguiente voy en bicicleta por un bonito barrio de artistas camino a la siguiente exposición. También Vila Madalena parece ser una especie de refugio a la que la nueva realidad va llegando sólo paulatinamente. Hasta hace algunos años, las coloridas casas del barrio eran punto de reunión de la escena alternativa y artística. Ahora ademas son símbolo del São Paulo de buenos ingresos que se protege contra los males de las periferias urbanas. Es verdad, cada vez hay más casos de partidarios de Bolsonaro que cometen agresiones en teatros alternativos, galerías o bares gays. Pero para los ultraconservadores el verdadero enemigo parece estar en la precariedad de los barrios periféricos. En esa parte de la población que podría resultar una amenaza para el centro urbano y su bienestar.

“En realidad aquí vivimos en una burbuja”, dice un politólogo amigo que vive en el barrio. Al parecer, allí los recortes sociales, los ajustes en los programas educativos o en las acciones afirmativas tendrán efectos limitados. Al menos la vida que transcurre entre el supermercado ecológico y los cafés hipsters se asemeja de modo sorprendente a la que llevo en mi barrio de Alemania. No puedo sino darles la razón a los artistas, curadores y militantes LGBT cuando hablamos sobre la nueva derecha, las prácticas invasivas de seguimiento en las escuelas –que en Alemania también están de moda en el partido Alternative für Deutschland (AfD)– y sobre la creciente diferencia entre periferia y centro. Intento entender qué se siente cuando el propio ambiente sufre una amenaza tan intensa. Y me pregunto cuánto tiempo más seguirá a salvo el bienestar de mi tierra natal, Alemania.

En el café del Museo de Arte de São Paulo (MASP) comienzo a hablar de modo automático sobre los mismos temas. Pero Amanda Carneiro me mira enfadada, murmura algo sobre “problemas del lujo”. Ella viene de Capão Redondo, un barrio periférico conocido por la violencia y las precarias condiciones de vida. Un lugar en el que las bandas criminales tienen a la población bajo su control, donde las tasas de homicidio suben y los títulos de secundaria son cada vez menos, donde viven principalmente afrobrasileños y Bolsonaro quiere “intervenir con dureza”.

Por el momento soy la negra con la que el MASP puede ostentar”, dice ella. Amanda es la primera de su familia que llegó a la universidad y pertenece a ese puñado de mujeres negras que que desarrollan programas en los museos más importantes de la ciudad. Habla de los mails racistas que recibió el MASP los últimos meses por una muestra dedica a la historia afrobrasileña. Pero también dice que los problemas reales no se reflejan en el museo. “Los artistas todavía están bien protegidos por las grandes instituciones”. Entonces abotona su vestido color beige y desaparece por la puerta de vidrio corrediza. En una hora comenzará su taller con alumnos de un barrio parecido al lugar en que ella creció. Después tal vez irá un rato al SESC Pompéia, tomará vino, conversará sobre la Bauhaus o el inminente cierre del Ministerio de Cultura. O tal vez se reunirá con su familia y hablará sobre los problemas de las favelas. No importa dónde, el tema será que en muy poco tiempo las cosas se pondrán desagradables para todos.

Elisabeth Wellershaus nació en 1974 y vive en Berlín. Es periodista y, entre otra actividades, redactora de la revista de arte Contemporary And (C&). También integra la redacción del suplemento “10 nach 8” de ZEIT Online.

Traducción del alemán de Nicolás Gelormini

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