Charla con Everlane Moraes

El cuerpo como dispositivo de memoria viva

La artista visual Everlane Moraes, nacida en 1987 en Bahía y criada en Sergipe, asiste hoy a la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de Cuba. Ha creado una serie de trabajos autorales, todos marcados por lenguajes híbridos que van del documental al videoarte.

Conflito e abismos, que es un homenaje a mi padre, utiliza la forma híbrida porque justamente es un encuentro entre mi arte, que es el cine, y el de mi padre, las artes plásticas. En Caixa D´Água el hibridismo fue una opción para romper con las formas preestablecidas del documental didáctico, informativo. Y quise romper con esa etnografía que tiende a lo antropológico y a lo didáctico, para crear una forma más poética, mas performática, en la cual ese objeto de estudio no fuera solamente objeto sino también sujeto dinámico. Y que esos cuerpos tuvieran una poética que aportara a la información o resignificara la idea de quilombo [localidad o refugio al que huían los esclavos], de qui-lombo [qué lomo], de qui-lombo en referencia a la carne. Precisamente utilizo esos cuerpos como soporte para proyectar los archivos. El cuerpo como soporte y como dispositivo de memoria, de memoria activa, viva.

C&AL: ¿Por qué inserta música clásica europea en sus trabajos?

EM: En casa teníamos una larga tradición de música culta. Por la influencia de mi padre, crecimos rodeados de música erudita y música popular. No es casual entones que yo ponga música clásica. Elijo la música y los compositores ideales según cada film. Por ejemplo, en el film sobre mi padre, puse Dmitri Shostakóvich en el momento en que el actor corre por una plantación. Y lo pongo en ese momento de fuga porque es una fuga de Shostakóvich. Y lo pongo en el preciso momento de la fuga.

Al comienzo de Conflito e Abismos pongo Beethoven porque a mi padre le gusta mucho Beethoven. Pongo el Opus 131, que también me gusta mucho. Es una obra muy densa, una de las más tristes de Beethoven. Voy poniendo piezas que me gustan mucho o que tienen que ver con el tema. No es una selección aleatoria, porque la música combina. Hago una selección precisa y muy estudiada según el tema y el momento, según las sensaciones.

C&AL: ¿De qué modo la experiencia en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de Cuba está contribuyendo a su recorrido en la producción de arte contemporáneo?

EM: El contexto en el que la escuela se pensó y se creó, su plan de estudios y en general el proyecto, todo es de por sí revolucionario. La Escuela de Cuba es algo muy especial porque tiene una visión propia orientada hacia Asia, América Latina y África y también porque recibe alumnos con becas que les permiten tener una experiencia profunda de Cuba y de la escuela. Se vive y come dentro de la escuela. Todos –profesores, coordinadores, empleados– viven dentro de la escuela rodeados todo el tiempo de ese cine latinoamericano o del cine como un todo, del cine mundial.

Es una escuela que le da valor al lenguaje cinematográfico y apuesta al estudio estético, político y ético para la formación de los alumnos. Pienso que eso contribuye mucho a pensar el arte contemporáneo como un todo. Me refiero a pensar la ética, la política y la estética como armas de combate. Un combate contra lo que sea, los diferentes tipo de desigualdad social, en fin, todo. Es un modo de trascender a través del arte con un pensamiento más humano, más comunitario, más solidario. Estar en Cuba es pensar sobre eso. Estudiar cine en Cuba es realmente algo muy fuerte, es casi como una guerrilla. Estudiamos un arma poderosísima que es el arma de la comunicación, la fabricación de imágenes, ilusiones. Dado que todo tiene un efecto perenne, lo audiovisual, el séptimo arte va terminar eternizando todas las otras artes.

C&AL: ¿Es diferente ser una artista negra en Brasil que en otras partes de mundo?

EM: En Brasil, si usted dice que es artista, cineasta, si usted dice lo que de hecho es la gente sospecha, mira su aspecto y desconfía de sus palabras. Entonces usted tiene que estar probando todo el tiempo que tiene capacidad, que estoy y lo otro. En Cuba no hay esa distancia. La gente cree, confía que soy lo que soy, porque allá eso es normal. Fuera de Brasil y Cuba, no sabría decir con exactitud. El racismo es muy grande y ahí el contexto ya es otro. Muchos problemas no los he enfrentado de modo directo porque la gente acepta muy bien mi trabajo, inclusive los críticos. Yo dialogo, muestro mi trabajo y sigo adelante.

 

Fábia Prates es periodista y ha trabajado en grandes medios brasileros. Actualmente escribe sobre temáticas relacionadas con la cultura, el comportamiento y la comunicación corporativa.

 

Traducido del portugués por Nicolás Gelormini.

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