Sonia Gomes

“Mi obra es negra, femenina y marginal”

Sonia Gomes se sumerge en las texturas feminizadas del hilo, la tela y el color, y nos lleva por paisajes brasileños de fábricas, desechos postindustriales y tradiciones sagradas de influencia africana.

Gomes habla de la importancia del movimiento en su obra y y no se puede negar la conexión que esto tiene con su infancia. Tempranamente huérfana, a los cinco años pasó de vivir en la casa de su abuela materna negra –con tradiciones impregnadas de la cultura de África occidental– haciendo rodhilas y gris gris, al hogar de la familia paterna, descendientes de europeos, de naturaleza “erudita”, según describe ella. Su experiencia familiar en tejidos la llevó a combinar las formas originarias que aprendió de su abuela con el lenguaje más industrial de la producción textil y así dio forma al la esculturas multidimensionales por las que hoy es celebrada.

El carácter artesanal, casi provisorio de su obra esconde una respuesta más profunda, política a las contradicciones propias de la cultura textil. En Occidente hay más oportunidades de adquirir rápidamente ropas de costos bajos y esto permite una desconexión con las fuentes y las razones de esa producción más barata, que indefectiblemente tiene lugar en el mundo no desarrollado. Al abastecerse de ropa usada para hacer de lienzo Gomes le da un sentido ecológico a la importancia de reutilizar residuos, a la vez que critica el hiperconsumo de esa producción. Aquí, junto a artistas como El-Anatsui o Sokari Douglas Camp, nos plantea un lenguaje a través del cual experimentamos los crecientes problemas de las organizaciones medioambientales: “Cada cosa carga con la historia de su donante . Mi acción comienza con esas piezas que me llegan, con la historia que llega junto a la memoria del material”. Al usar material ya consumido, Gomes da un mensaje acerca de la materialidad de su propio proceso, utilizando un “ready-made” como el fundamento de su práctica artística, que combina dos diferentes metodologías de producción.

Los gestos de que se vale Gomes para su obra parecen inconclusos, de un arte en flujo, desde el cordón drapeado a los puntos de costura sueltos. En su obra hay una provisoriedad que podría considerarse en diálogo con objetos esculturales como los de Judith Scott, Senga Nengudi o como un método instructivo de trabajo que busca suprimir el foco puesto en la perfección de la artesanía. Sus esculturas son una reflexión sobre cómo vemos la materialidad en nuestra vida cotidiana… abordan la experiencia de tocar y sentir. El uso de tejidos usados funciona como un modo de pensar la piel que habitamos. El tejido y el material son lo más cercano a nuestros cuerpos, todos los días, y hay una profunda conexión con nuestra piel y el modo en que nuestra experiencia se transmite a través de la ropa. Además, para Gomes, la piel debe haber sido una noción importante, por el modo en que creció, habiendo dejado una familia negra para vivir con una blanca, y habiendo nacido en un Brasil que se veía a sí mismo como un crisol, pero en el que su vida real fue diferente de la de aquellos de piel más oscura.

Gomes, que en sus propias palabras “descubrió la vida a través del arte”, nos permite ver su vida a través del portal de su obra. Se le pueden atribuir muchas etiquetas –política, artista de la fibra, contemporánea– pero para ella, el enunciado de lo que ella es está en su obra: “Mi obra es negra, femenina, y es marginal. Soy una rebelde. Nunca me preocupé por ocultar o reprimir lo que pudiera encajar o no en los estándares de lo que se llama arte. Siempre busqué el inconformismo respecto a lo establecido. Tuve que superar varios obstáculos porque soy mujer, soy negra, porque porque era demasiado vieja para ser considerada uno de los jóvenes talentos del arte brasileño”.

Sonia Gomes publicado por Editora Cobogó, São Paulo, 2017.

Nan Collymore es una escritora británica que vive en California.

Traducción del inglés de Nicolás Gelormini

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