Conversación con

Josué Azor: La fotografía como modo de llegar a conocerse a uno mismo

Josué Azor hizo sus primeros pasos en la fotografía mientras estudiaba administración, pero fue el devastador terremoto de 2012 lo que lo impulsó a dedicarse profesionalmente a esa práctica artística. En esta entrevista, nos cuenta un poco más sobre la documentación de la comunidad queer local como modo de crear un archivo de la disidencia, sobre la intersección del vudú y la vida queer, y las similitudes entre Brasil y Haití.

C&AL: ¿Cómo pasó de la fotografía paisajística, al principio de su carrera, a la fotografía documental que le permite ahondar en las historias de los haitianos?

JA: Por medio de mis fotos se puede ver cómo evolucioné a través del tiempo. Recordemos que a Haití se lo llamaba “pays maudit” (país maldito). Quería conocer al país de verdad por mí mismo. De la exploración de los paisajes pasé a explorar por primera vez en mi vida la ceremonia vudú. Eso fue el 6 de enero de 2010. Toda mi vida conviví con unos padres que tenían fobia al vudú pero es un gran archivo y no se necesita ser vuduista para ver y experimentar la belleza. Creo que al menos hay que prestarle atención y tenerle respeto. Es una forma de respetar a la propia gente.

Seis días después de mi primera ceremonia, el 12 de enero, hubo un terremoto. Cuando fui a mi segunda ceremonia vudú, ese mismo año, llevé la cámara y, por supuesto, tomé fotos. Dada mi formación cultural, tuve que acostumbrarme al vudú. Cuando oí por primera vez la música, pensé que estaba oyendo al diablo. Lo digo para enfatizar que la fotografía fue un modo de mirarme y llegar a conocerme a mí mismo.

C&AL: Su serie Racin (raíz en criollo haitiano) sobre los rituales haitianos me parece muy conmovedora. Especialmente, la teatralidad del retrato sin título que tomó en 2011. ¿Cómo hizo la captura en aquel momento?

JA: Esa foto la tomé durante una ceremonia vudú. Ya era fotógrafo sin saberlo. La persona está en trance, y fue como si yo mismo estuviera en trance. Está la canción. Está la energía. Todo es muy intenso. Se produjo una magia y puede vérsela en la foto.

Además la gente de ese espacio es muy generosa con los fotógrafos. Me causa emoción pensar en ellos cuando dijeron: “Muéstranos bajo una luz diferente. Muestra nuestra belleza. Sabes que tenemos tan mala prensa”. Ese fue el modo en que tomé la fotografía.

C&AL: En su serie Clin d’Oeil: Haïti-Brésil (Guiño: Brasil-Haití) exploró las similitudes entre el pueblo y los paisajes de Haití y Brasil. Ese fue uno de sus primeros proyectos como fotógrafo profesional después del terremoto de 2010. ¿Cómo surgió y qué importancia tuvo para usted?  

JA: Tuve la oportunidad de ir a Brasilia, San Pablo y Porto Alegre. Tomé fotos y empecé a notar ciertas similitudes. Mis ojos siempre han estado atraídos por la gente negra y mi mente hacía comparaciones en diferentes niveles. Por ejemplo, fuimos a una empresa de agricultura y su presupuesto anual era más grande que el presupuesto nacional de Haití.

A partir de eso, recibí la propuesta de hacer una muestra en el Centre Culturel Brésil-Haïti de Puerto Príncipe. Mi percepción de la fotografía evolucionó desde entonces. Fue una gran oportunidad para un fotógrafo joven, pero no lo haría otra vez. Es como no saber nadar y que de repente lo arrojen a uno al agua.

C&AL: Su serie Noctambules aborda la vida nocturna queer, particularmente gay, de Puerto Príncipe. ¿Por qué fue importante para usted explorara esa parte de la sociedad?   

JA: Cuando salgo, no siempre voy a fiestas. Pongo el foco en la vida nocturna queer y en toda clase de escenas underground, aunque a veces es difícil encontrar esas escenas porque el acceso puede ser complicado. Percibo que la vida nocturna en las calles de Haití está dominada por los varones. En consecuencia, poner el foco ahí es otro modo de hablar sobre los tipos de masculinidad. Los hombres se transforman, de una actitud ruda y musculosa en la calle durante el día, a una más suave, abierta y calmada por las noches. La vida nocturna es un ámbito especial. El sonido es diferente. El modo en que uno oye es diferente. A veces me siento más cómodo en la noche, por ejemplo, en relación con la seguridad.

Mi interés en la vida nocturna, particularmente en la vida nocturna queer, está vinculado a mi propia vida. Crecí en una familia en la que no era posible salir del armario. Para ilustrar qué frustración sentía respecto a la vida, adivine con quién fui a mi propio baile de graduación: con mi tía. Yo quería probar a “salir” solo. No es más filosófico que eso. Es así de simple y básico.

Primero comencé a explorar la vida nocturna con una cámara por mí mismo en una época en la que no existía una investigación de esa parte de la sociedad desde una perspectiva haitiana. Algunas personas en la calle me hablaron de fiestas queer con mayoría de gays, y así fue como conocí esos espacios. Fue poco después del terremoto y, en consecuencia, un momento en el que la mayoría de nosotros sentía mucha desconfianza respecto a la fotografía. Habíamos visto su poder y cómo se usaba online. Entonces yo ya trabajaba con y sobre la fotografía, pero debía ganarme la confianza en un espacio al que recién había entrado, y debía pensar cómo abordarlo. Por ejemplo, en la mayoría de los casos no mostraba las caras. Pero las cosas están cambiando. La homofobia existe, pero también hay más aceptación. Hoy en día, cuando estoy en una fiesta, viene gente y me pide que le tome una foto. Eso no es poco. Y otra cosa: también el vudú puede vincularse con los espacios queer.

C&AL: Usted planea expandir su serie sobre el vudú para incluir la vida queer en un lakou (un sistema de vida comunitaria) fuera de Puerto Príncipe. ¿Puede contarnos más sobre ese plan?

JA: Muchas veces parece que no fuera la República de Haití sino la República de Puerto Príncipe. Pero el hecho es que las realidades fuera de la capital existen y quiero explorarlas. Muchas veces la gente se sorprende de cómo lo queer se expresa de modo diferente en otras ciudades. Se sorprenden al ver solidaridad, una dinámica respetuosa o una forma de convivencia distinta entre la gente. Son valores que nosotros, los de la ciudad, necesitamos plantearnos y aprender de la gente del campo.

La serie también nos dará a nosotros, los haitianos, una perspectiva adicional. Si uno comienza a hablar sobre los problemas de Haití, puede que acabe suicidándose. Pero están pasando cosas muy buenas y necesitamos valorarlas. De modo que repito, quiero hacer esa serie para yo mismo aprender. Además, esa forma de exploración puede ser una oportunidad para facultar a otros haitianos y que ellos también usen la fotografía.

C&AL: ¿Cuál es la importancia del desnudo en la su práctica?  

JA: El desnudo femenino es algo que siempre estuvo a mi alrededor. Había mujeres desnudas en pantallas gigantes y en pinturas callejeras. No veía desnudos masculinos, que eran lo que me gustaba. Entonces, yo mismo los creé.

Mi serie homoerótica Erotes surgió de una broma. Dije : “Ya tuve suficiente de esta desnudez, ahora quiero explorar el sexo”. Y no paré de repetirlo, como si fuera algo imposible, y entonces me pregunté a quién podría encontrar que posara en Puerto Príncipe. ¿Quién podría lidiar con las reacciones? En última instancia, la serie aborda la reapropiación de la desnudez. Hago todo lo posible para retratar la desnudez de modo bello, con respeto y ternura. Puede resultar divertido. No tiene por qué ser serio. La vida es así.

También se trata de elaborar un archivo, porque nunca se sabe. Tal vez en veinte años se diga: “La comunidad queer nunca existió”. Es una lucha constante. Nunca me pensé a mí mismo como un militante, pero mi obra definitivamente tiene esa dimensión.

Marny Garcia Mommertz es escritora y artista. Está interesada en formas experimentales de archivo y recibe el Fellowship PACT Zollverein. Trabaja como editora para Contemporary And América Latina.

Traducción: Nicolás Gelormini

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