Black Curators Forum Toronto

Un curador negro nunca es sólo un curador

El primer Black Curators Forum tuvo lugar en Toronto, Canadá, hacia fines de 2019. Promovido por Dominique Fontaine, Gaëtane Verna, Julie Crooks, y Pamela Edmonds, el evento reunió alrededor de veinte curadores, escritores, académicos y trabajadore del arte negros de toda Norteamérica para discutir cómo los curadores negros trabajan con una ética de un cuidado suplementario. La escritora Kelsey Adams echa un vistazo a los desafíos y aspiraciones que se abordaron en el foro.

Partimos el pan en el centro de The Power Plant, flanqueados por la serie Anxious Audience (Públicos ansiosos) del artista estadounidense Rashid Johnson. Aunque se trataba de un evento social de viejos amigos y nuevas caras, las palabras de apertura de Verna perduraron durante toda la cena: “Cada vez que pienso en el terreno en el cual está nuestra galería, pienso en el borramiento, el borramiento de personas e historias. Pienso en los que tienen el privilegio de escribir la historia y en las personas que eligen, a veces de forma violenta, ignorar. Pienso en los tantos innovadores que abrieron el camino para que estemos hoy y cuyas historias todavía no se han contado.”

Sus palabras prefiguraron fin de semana para remapear la historia, construir redes internacionales y sistemas de supervivencia. El imperativo del foro era reinscribir las contribuciones de los curadores negros en la narrattiva del canon artístico canadiense. Algunos de esos pioneros eran Andrea Fatona, Betty Julian, James Oscar, Geneviève Wallen, Mark Campbell, Cheryl Blackman, Eunice Bélidor y Liz Ikiriko.

Desde la disolución en los años noventa de Canadian Black Artists in Action no hay ninguna organización nacional que conecte a los artistas y curadores negros. Hay muchas fuerzas obstructoras que hacen que un curador negro nunca sea sólo un curador: el racismo antinegro directo y simple, la carga de trabajo emocional, el encasillamiento, la expectativa de representar a una comunidad entera, ser llamado un mes por año (ustedes saben qué mes), necesitar un nivel académico mayor que el resto para ser considerado, caminar en puntas de pie entre autoridades supremacistas blancas.

Pero el foro no trató estos temas. Hubo espacio para reclamos pero de verdad la cuestión fue encontrar soluciones.

“Todos éramos muy conscientes de que teníamos el tiempo limitado, que ese tipo de ocasiones es infrecuente”, dice Josephine Denis, una curadora y abogada que vive en Montreal.

El sábado 26 de octubre, los objetivos comenzaron a tomar forma a lo largo de siete horas en el hall inferior de AGO. La curadora estadounidense Courtney J. Martin, directora del Yale Center for British Art, inauguró la jornada con una charla sustanciosa. En el debate general reaparecieron varias veces algunos puntos: la creación de una visión o directiva nacional para el arte negro en Canadá, y la necesidad de más investigación sobre el arte negro canadiense moderno e histórico para conectarlo con una historia del arte más amplia. La conservación también abordó el desarrollo de una red de curadores para influir en las prácticas sociales, políticas e institucionales vinculadas al arte negro.

Los curadores negros cargan con una inmensa responsabilidad —hacia la obra que fue hecha antes que ellos, hacia los artistas negros y no negros con los que trabajan y también la responsabilidad de dejar a la generación siguiente un sector artístico mejor que el que ellos encontraron— de una forma en que no se espera o se pide de sus colegas blancos. Los curadores y trabajadores del arte negros a menudo asumen todo ese trabajo adicional sin reflexionar un segundo; parece ser parte de la esencia propia de sus prácticas.

Como escritor negro, siento la responsabilidad de narrar historias con cuidado, para contrarrestar la representación incorrecta e inscribir la obra de los atirstas negros en el canon artístico canadiense. Abordo la escritura y la crítica sobre el arte negro con inquietud por la misma razón, por miedo al riesgo de una mayor marginalización. Tal vez estoy siendo demasiado delicado. No toda la crítica del arte negro necesita ser celebratoria o aduladora —eso obstruye un discurso constructivo— pero debe estar definitivamente arraigada en una ética del cuidado.

Comencé a considerar cómo las obras de diferentes curadores y pensadores negros se nutren y construyen recíprocamente. La obra que hicieron los artistas de Black Wimmin en 2019 estaba directamente influida por el Diasporic African Women’s Art de 1989. En 2014, Andrea Fatona encabezó el encuentro “The State of Blackness” en la OCAD University, que condujo a la creación de una base de datos de obras, ensayos, narraciones orales e investigaciones de y sobre artistas, críticos y curadores canadienses negros. El primer libro sobre la historia del arte negro canadiense, Towards an African Canadian Art History: Art, Memory, and Resistance (Hacia una historia del arte africano-canadiense; arte, memoria y resistencia), fue compilado por Charmain Nelson y se publicó en 2018 . Mucho en esa historia proviene de fuentes orales de modo que tener textos le otorgaría integralidad.

En el Black Curators Forum, muchos participantes aseguraron que trabajarían en colaboración para aumentar los estudios en ese campo. Durante los debates, Pamela Edmonds relacionó la tarea de curador negro con la de archivista.

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