Conversación con

Edgar Kanaykõ: la fotografía como reconquista

Edgar Kanaykõ, artista indígena Xakriabá, se mueve entre la cultura de su pueblo y la de los blancos, pero sus pies continúan arraigados en su territorio. Para él, la fotografía es herramienta de lucha y de resistencia. “Lo que hacemos en el campo del arte contemporáneo es retomar el quehacer artístico para garantizar nuestra existencia”.

C&AL: Los xakriabás ocupan el Cerrado, un bioma brasilero muy complejo que está amenazado. ¿Cómo esa producción de imágenes consigue impulsar la idea de una humanidad integrada a la naturaleza?

EK: Volviendo a la antropología, muchas veces lo que está bajo el impulso de estas cuestiones es la diferenciación entre lo que es naturaleza y lo que es cultura. Para nosotros, los indígenas, la naturaleza y la cultura no están separadas y eso influye en nuestra mirada. Cuando fotografío un “paisaje” no es sólo un paisaje, es nuestra morada, lo que llamamos Rowaste mba tô īnrõwa. El pajé [chamán] Vicente Xakriabá dice que todo tiene canto y espíritu. Nosotros, en efecto, tenemos otra visión del mundo.

C&AL: Por lo que le he oído decir, parece que existe un hueco en el entendimiento entre los pueblos indígenas y blancos, esa comprensión de todo como relación. ¿Cree que la fotografía producida por indígenas puede funcionar como movimiento de traducción de mundos?

EK: Como dice esa sentencia, también en la antropología: toda traducción es una traición (risas). Al traducir, corremos ese riesgo. Pero cuando hablamos de “relación”, ya hay una idea de comprensión. Es muy importante tener cada vez más presentes las diferentes visiones de los pueblos indígenas que se manifiestan a través de la imagen. Venimos de la oralidad, que también es imagen, ya escribíamos hace mucho tiempo aunque no fuera escritura en papel. Escribíamos con otro tipo de símbolos. La pintura corporal es un símbolo, las vestimentas son símbolos y así se dicen muchas cosas. Cuando se fotografía un ritual pasan muchas cosas, y la visión de eso que puede tener un descendiente indígena es otra.

C&AL: El antropólogo brasilero Viveiro de Castro dice que la indigenidad es un proyecto de futuro, no una memoria del pasado. ¿Cómo entiende la representación del futuro en su trabajo?

EK: Si lo tuviera que resumir en una palabra, pienso que diría “resistencia”. Igual que el Cerrado, que, aunque pasa el fuego, pasa el tractor intentando matar, tiene sus raíces muy profundas, nosotros, como pueblos indígenas, también somos resistentes. El tiempo no es lineal, es circular, está movido por el tiempo de la naturaleza, de las aguas, de las sequías, por el tiempo de la flor de pequi. La construcción de identidad es constante. Siempre estamos resistiendo para sostener lo que somos en cuanto pueblos. Tal vez para los blancos eso no tenga sentido, porque estar en el mundo no es para ellos hacer un esfuerzo por ser aquello que uno es. A nosotros se nos cuestiona todo el tiempo si somos pueblos de verdad. En Brasil, somos más de 300 pueblos, más de 150 idiomas. Cuando uno está en el movimiento indígena percibe esa diversidad. Las matas son así, el Cerrado es así, diverso. Hay plantas altas, plantas bajas, plantas retorcidas, varios tipos de flores. Y es eso lo que sostiene la diversidad de vida. Nosotros, los indígenas, somos el pasado, el presente y principalmente el futuro de este mundo, ahora que estamos despertando, ahora que, como dice Davi Kopenawa, el escritor, chamán y líder político yanomami, nosotros, los pueblos indígenas, estamos asegurando el cielo para que no caiga sobre nuestras cabezas. Mientras haya pueblos indígenas, pajés y chamanes, estaremos sosteniendo el cielo.

C&AL: Por último, me gustaría preguntarle sobre el episodio del MASP, en el que el grupo Retomadas (Reconquistas), que presentaba dos fotografías suyas, fue excluido de la muestra colectiva Historias Brasileiras aunque después se lo invitó a volver a participar.

EK: Cuando recibí la noticia de que el grupo “Retomadas”, con fotografías del Movimiento Sin Tierra y algunas mías, había sido cancelado, me quedé muy tranquilo, de vedad, porque pensé: “Los que están perdiendo son ellos” (risas). Entonces vino la movilización nacional e internacional, y nuestro grupo volvió a charlar sobre qué hacer. Sandra Benites, que era la primera curadora indígena, presentó la renuncia. Hubo toda una serie de negociaciones, y después volvió, pero a partir de nuestras demandas. Todos saben que el grupo Retomadas habla del movimiento social, algo sobre lo cual esos ambientes no quieren hablar. Había un boicot de fondo que alegaba problemas burocráticos. El grupo se llama Retomadas y, de hecho, retomó ese espacio. Es lo que dice Ailton Krenak, que más allá de luchar por territorio, tenemos que luchar para demarcar otros territorios, que son, por ejemplo, la tela, las artes, etc. Eso también fue una lucha por el territorio.

Edgar Kanaykõ es artista indígena xakriabá, que se desempeña en el área de la etnofotografia.

Entrevistado por Lorena Vicini.

Traducción: Nicolás Gelormini


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